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Ilustración de cuento de un pollito amarillo recién nacido con la cáscara del huevo en la cabeza junto a su mamá gallina en un gallinero con paja

Pío y su diente de un solo día

septiembre 28, 2026 1 comment Article Curiosidades

Había una vez, en una granja con el tejado rojo y un gallinero lleno de paja calentita, un huevo blanco muy especial. Era un huevo como todos los demás por fuera… pero por dentro, acurrucado y hecho una bolita, vivía un pollito que todavía no tenía nombre.

Ilustración de cuento de un pollito amarillo recién nacido con la cáscara del huevo en la cabeza junto a su mamá gallina en un gallinero con paja

Mamá Gallina se sentaba encima del huevo día y noche para darle calor. A veces le cantaba bajito:

—Cloc, cloc, pequeñín, ya queda poco para el fin…

Y el pollito, dentro del huevo, escuchaba y sonreía.

Un diente muy pequeñito

Un día, el pollito se despertó y notó algo nuevo. En la puntita de su pico había una cosita dura, pequeña y blanca, como un granito de arroz.

—¿Qué es esto? —pensó, mientras se la tocaba con la lengua.

Entonces oyó una vocecita a su lado. Era su propio pico, que parecía hablarle:

—¡Es tu diente de huevo! —le dijo—. Todos los pollitos tienen uno. Y las tortuguitas. Y hasta los bebés cocodrilo. Sirve para una sola cosa, pero es la cosa más importante del mundo.

—¿Y qué cosa es esa? —preguntó el pollito, muy intrigado.

—¡Abrir la puerta para salir a conocer el mundo!

El pollito miró a su alrededor. Todo era blanco, redondo y cerrado. No había ninguna puerta.

—Pero aquí no hay puerta… —dijo.

—Pues la tendrás que hacer tú —respondió el diente—. Toc, toc, toc. Poquito a poco.

Toc, toc, toc

Así que el pollito se puso manos a la obra. Bueno, más bien pico a la obra.

Toc. El cascarón ni se movió.

Toc, toc. Apareció una rayita diminuta.

Toc, toc, toc. ¡Crac! Se hizo un agujerito por el que entró un rayo de luz.

El pollito estaba cansado. Hacer una puerta en un huevo es un trabajo muy grande para alguien tan pequeño. Se tumbó a descansar un ratito. Fuera, oyó a Mamá Gallina:

—¡Ánimo, pequeñín! ¡Tú puedes!

Y el pollito, con su diente de huevo, siguió: toc, toc, toc… dando vueltas poquito a poco, como quien corta la tapa de un bote. Hasta que, de repente…

¡CRAAAC!

La parte de arriba del huevo se levantó como un sombrero, y el pollito asomó la cabeza. Tenía las plumas mojadas y despeinadas, los ojos muy abiertos, y delante de él había un mundo enorme lleno de paja, de sol y de una mamá gallina que lo miraba con muchísimo cariño.

—¡Pío! —dijo el pollito.

Y así se quedó con ese nombre: Pío.

Adiós, diente de huevo

Pasaron unos pocos días. Pío ya corría por el gallinero, picoteaba granitos de maíz y se escondía debajo del ala de su mamá cuando tenía sueño.

Una mañana, se miró el pico en un charquito de agua y vio que su diente de huevo… ¡ya no estaba!

—¡Mamá! ¡He perdido mi diente! —piaba asustado.

Mamá Gallina lo abrazó con sus plumas suaves.

—No pasa nada, Pío. Tu diente de huevo ya hizo su trabajo: te ayudó a nacer. Era un diente de un solo día, el diente de leche más rápido del mundo. Ahora ya no lo necesitas.

Pío se quedó pensando un momento y luego sonrió.

—Entonces… ¿los niños también pierden dientes?

—Claro que sí —dijo Mamá Gallina—. A los niños se les caen los dientes de leche, pero no tan deprisa como a ti. Los suyos les duran años, y luego les salen unos dientes nuevos, grandes y fuertes… que ya son para toda la vida.

—¿Para toda la vida? —preguntó Pío con los ojos como platos—. ¡Pues esos hay que cuidarlos muchísimo!

—Exacto —dijo su mamá—. Por eso los niños se cepillan los dientes cada mañana y cada noche, con paciencia, poquito a poco… igual que tú hiciste tu puerta en el huevo: toc, toc, toc.

Colorín, colorado

Desde aquel día, cada vez que Pío veía a los niños de la granja lavarse los dientes antes de ir a dormir, les piaba muy contento desde la valla:

—¡Pío, pío! ¡Cuidad bien vuestros dientes, que los vuestros sí son para siempre!

Y colorín, colorado, este cuento con un diente de huevo se ha acabado.

—

Y tú, ¿sabes cuántos dientes de leche se te han caído ya? Esta noche, antes de dormir, puedes cepillártelos como Pío hacía su puerta: poquito a poco, sin prisa, hasta dejarlos brillantes.

¿Quieres que la caída de los dientes de leche sea tan especial como la puerta que abrió Pío? En higienistaencasa.es encontrarás detalles como la puerta mágica del Ratoncito Pérez, que puedes recibir cómodamente en tu domicilio.

Tags: animales, cuentos infantiles, diente de huevo, dientes de leche, higiene dental infantil

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