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Ilustración de un molar de neandertal fosilizado con marcas de manipulación dental junto a herramientas de piedra prehistóricas, en tonos teal y navy

Los neandertales ya iban al «dentista»: así trataban el dolor de una caries hace 59.000 años

julio 28, 2026 1 comment Article Curiosidades

¿Creías que el miedo al dolor de muelas era cosa de la vida moderna? Un equipo internacional de paleoantropólogos acaba de documentar en la revista científica PLOS One lo que consideran el tratamiento dental más antiguo conocido hasta la fecha: un molar de neandertal de unos 59.000 años, hallado en la región del Altái, en el sur de Siberia, que muestra signos claros de haber sido manipulado a propósito para aliviar una caries. Dicho de otro modo: mucho antes de que existiera la palabra «odontología», ya había alguien intentando calmar un dolor de muelas con las herramientas que tenía a mano.

Ilustración de un molar de neandertal fosilizado con marcas de manipulación dental junto a herramientas de piedra prehistóricas, en tonos teal y navy

Un diagnóstico que llega 59.000 años tarde

El hallazgo, analizado con técnicas de microscopía de altísima resolución, revela una cavidad profunda en la superficie del molar, pero lo verdaderamente revelador no es la caries en sí —los animales y nuestros ancestros llevan sufriéndolas desde mucho antes que nosotros—, sino lo que hay alrededor de esa cavidad. Los investigadores encontraron paredes pulidas y una serie de surcos microscópicos, finos y alineados de forma sistemática, que no encajan con el desgaste natural de la masticación ni con procesos erosivos propios del paso del tiempo bajo tierra.

Esa regularidad es la pista clave. Un desgaste natural sería irregular, aleatorio, fruto del roce con alimentos o con el paso de miles de años enterrado en sedimento. Lo que se observa aquí, en cambio, tiene toda la pinta de haber sido producido por una mano humana (o, mejor dicho, neandertal) manipulando repetidamente la zona dañada con algún instrumento rudimentario de piedra, probablemente para rascar, limpiar o simplemente aliviar la molestia de una cavidad que debía de doler bastante.

Es fácil imaginarlo: sin anestesia, sin flúor, sin cepillos ni hilo dental, un neandertal con dolor de muelas recurriendo a lo único que tenía disponible —una esquirla de piedra y mucha paciencia— para intentar hacer algo, lo que fuera, contra ese dolor punzante que todos hemos sentido alguna vez frente a un diente sensible.

No es un caso aislado: la caries es una vieja conocida de la humanidad

Lo curioso de este hallazgo es que encaja en un patrón que la paleopatología lleva años documentando: nuestros parientes evolutivos y nuestros propios antepasados directos convivieron con las enfermedades bucales muchísimo antes de que existiera la agricultura, el azúcar procesado o los refrescos. Se han encontrado dientes de decenas de miles de años con marcas de palillos usados con fines higiénicos, e incluso restos que sugieren el uso de ramitas masticadas a modo de «cepillo» primitivo. No hace mucho hablábamos de el empaste dental más antiguo del mundo, de hace 6.500 años, y ahora este molar siberiano retrasa el reloj todavía más: la búsqueda de alivio ante el dolor dental, en definitiva, parece ser tan antigua como la propia especie humana y sus parientes cercanos.

Lo que cambia con este molar siberiano es la escala del hallazgo: no hablamos de un simple palillo o de marcas de desgaste, sino de evidencia de una intervención activa y deliberada sobre un diente enfermo, con una intención terapéutica que reconocemos perfectamente 59.000 años después. Es, en cierto modo, el eslabón más antiguo que conocemos en la larga cadena de intentos humanos por combatir el dolor dental, una cadena que sigue hasta el sillón del dentista de hoy en día, con anestesia, resinas y tecnología de precisión.

Neandertales, mucho más sofisticados de lo que pensábamos

Este hallazgo llega además en un momento en que la imagen que tenemos de los neandertales lleva años cambiando radicalmente. Durante mucho tiempo se les describió como una versión tosca y poco evolucionada del ser humano moderno, casi como el estereotipo de «cavernícola» bruto de los dibujos animados. Sin embargo, la evidencia arqueológica de las últimas décadas —desde pigmentos y adornos personales hasta enterramientos deliberados, pasando por otros dientes fósiles que están reescribiendo la historia de la evolución humana, y ahora este tipo de intervenciones médicas rudimentarias— dibuja un panorama muy distinto: el de una especie capaz de planificar, fabricar herramientas específicas para un fin y, como demuestra este molar, identificar un problema de salud concreto y actuar sobre él de forma sostenida en el tiempo.

Que un neandertal dedicara tiempo y esfuerzo repetido a intervenir sobre un diente enfermo, en lugar de simplemente soportar el dolor o dejar que la pieza se perdiera por sí sola, sugiere una capacidad de autocuidado —y quizás incluso de cuidado hacia otros miembros del grupo— que hasta hace poco no asociábamos con esta especie. Los surcos alineados que han encontrado los investigadores no son fruto de un gesto puntual, sino de una manipulación repetida y consciente, lo que refuerza la idea de que aquel individuo (o alguien de su entorno) entendía que ese diente necesitaba atención una y otra vez, no solo una vez.

Lo que este hallazgo nos recuerda sobre nuestros propios dientes

Más allá del asombro arqueológico, esta historia tiene una lectura que nos toca muy de cerca: la caries no es un «problema moderno» que aparece porque comemos mal o cuidamos poco nuestra boca comparado con el pasado. Es una condición que ha acompañado a la humanidad —y a nuestros parientes evolutivos— durante decenas de miles de años, del mismo modo que la obsesión por lucir una sonrisa completa tampoco es nueva, y que solo hemos aprendido a prevenir y tratar de forma realmente eficaz en las últimas décadas.

Esa perspectiva puede ayudarnos a valorar algo que damos por sentado: hoy, frente a una caries, no necesitamos una piedra afilada ni resignarnos al dolor. Tenemos diagnóstico precoz, anestesia, empastes, y sobre todo, tenemos la posibilidad de prevenir gran parte de estos problemas antes de que aparezcan. Y sin embargo, muchas personas siguen posponiendo la revisión dental hasta que el dolor se vuelve insoportable, replicando sin saberlo la misma lógica de «aguantar hasta que ya no se pueda más» que quizás llevó a aquel neandertal siberiano a coger una piedra y tratar de aliviarse él mismo.

La reflexión práctica es sencilla: no hace falta llegar al límite del dolor para actuar. Una revisión periódica, prestar atención a la sensibilidad al frío o al calor, o simplemente no ignorar una molestia leve en un diente, son gestos que cuestan poco y que marcan la diferencia entre resolver un problema a tiempo o dejar que se complique. Puestos a comparar con nuestros ancestros, quizás lo más valioso que tenemos hoy no es la tecnología en sí, sino la posibilidad de no tener que esperar a que el dolor se vuelva insoportable para hacer algo al respecto. Dedicar un par de minutos al día a cuidar bien la boca —cepillado cuidadoso, atención a las encías, revisiones sin esperar a que duela— sigue siendo, 59.000 años después, la mejor herramienta que tenemos.

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Tags: caries, historia dental, neandertales, paleoantropología, salud bucal

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