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Ilustración infantil de un pez loro de colores naranja, verde y azul mordisqueando un trozo de coral bajo el mar, rodeado de peces pequeños y corales

El secreto de la arena blanca

septiembre 14, 2026 0 comments Article Curiosidades

Había una vez una niña llamada Vera que pasaba las vacaciones en una playa de arena tan blanca y tan fina que parecía azúcar glas. Cada mañana, antes de bañarse, se sentaba en la orilla y dejaba que la arena se le escurriera entre los dedos, como si fuera polvo de estrellas.

Ilustración infantil de un pez loro de colores naranja, verde y azul mordisqueando un trozo de coral bajo el mar, rodeado de peces pequeños y corales

—Papá —preguntó una tarde, mientras construía un castillo con una torrecita torcida—, ¿de dónde sale toda esta arena? ¿La trae el mar en un camión gigante?

Su padre se rió y le dijo que ni él mismo lo sabía muy bien. Así que esa noche, cuando Vera se metió en la cama y cerró los ojos, ocurrió algo mágico: soñó que se hacía tan pequeñita como una gamba y que podía respirar bajo el agua.

En su sueño, Vera se hundió despacito en el mar azul turquesa, entre peces de colores y corales que parecían flores de piedra. Y allí, mordisqueando un trocito de coral con muchísimas ganas, encontró a un pez la mar de curioso: era redondito, de colores brillantes como un arcoíris, y tenía una boca durísima, en forma de pico, clavada justo donde deberían estar sus labios.

—¡Hola! —le dijo Vera—. ¿Por qué tienes boca de loro, si eres un pez?

—Porque soy un pez loro, claro —contestó él, sonriendo con su pico reluciente—. Me llamo Perico, y esta boca mía no es un capricho: es la herramienta más importante que tengo.

Perico le explicó que sus dientes no eran como los de las demás criaturas del mar. Estaban todos pegaditos, uno junto a otro, formando un pico tan duro como una piedra, capaz de arrancar trocitos de coral con un solo mordisco. «Crac, crac», sonaba cada vez que Perico comía, buscando las algas deliciosas que crecían pegadas a los corales.

—Pero el coral es tan duro… —dijo Vera, asombrada—. ¿No te hace daño en la tripa?

—Ahí viene lo más sorprendente de todo —respondió Perico, dándole media vuelta con un aleteo—. Fíjate bien en mi garganta.

Vera se acercó flotando y descubrió que, muy dentro de la boca de Perico, escondía un segundo grupo de dientes, más pequeñitos, que trituraban y trituraban sin parar los trocitos de coral que él iba tragando, hasta convertirlos en un polvillo blanquísimo y finísimo.

—¿Y qué haces con ese polvo? —preguntó Vera.

—Lo expulso, claro —dijo Perico, encogiéndose de aletas—. Cada pez loro como yo puede fabricar, en un solo año, varios cientos de kilos de esa arena. Y como en el mar vivimos muchísimos peces loro, entre todos hemos ido formando, grano a grano, año tras año, siglo tras siglo… una playa entera.

Vera se quedó con la boca abierta, sin poder creerlo.

—Entonces… ¿la arena de mi castillo puede haber sido antes un trocito de coral que mordiste tú?

—Podría ser —contestó Perico, guiñándole un ojo—. Así que la próxima vez que camines descalza por la orilla, piensa que quizá estás pisando el trabajo de miles de peces como yo, que llevamos toda la vida masticando, masticando y masticando.

Vera se despertó al día siguiente con los primeros rayos de sol colándose por la ventana. Corrió hasta la playa, se agachó y cogió un puñadito de arena entre las manos, mirándola con otros ojos: ya no era solo arena, era un tesoro fabricado con paciencia, mordisco a mordisco.

Y pensó que, si unos dientes tan trabajadores como los de Perico eran capaces de construir playas enteras, los suyos también merecían todo su cariño. Porque los dientes —los de un pez loro o los de una niña como ella— hacen un trabajo importante todos los días, y por eso hay que cuidarlos bien: lavándolos con cariño, mañana y noche, para que sigan fuertes y sanos durante muchísimo tiempo.

Aquella noche, antes de dormir, Vera se cepilló los dientes más despacio que nunca, pensando en Perico y en su pico de coral, en algún lugar del fondo del mar, siguiendo con su trabajo de fabricar arena para las playas del mundo.

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Tags: arena de playa, cuento infantil, cuidado dental niños, pez loro, vida marina

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