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Ilustración infantil de un monstruo peludo y sonriente de ojos redondos y boca enorme, con estilo de cuento coloreable

El monstruo que quería comérselo todo

septiembre 13, 2026 0 comments Article Curiosidades

Hace muchísimo tiempo, tanto que ni tus abuelos ni los abuelos de tus abuelos habían nacido todavía, vivía en una tierra muy lejana un monstruo llamado Glotón.

Ilustración infantil de un monstruo peludo y sonriente de ojos redondos y boca enorme, con estilo de cuento coloreable

Glotón no era un monstruo malo. Solo tenía un problemilla: nunca, nunca se sentía lleno. Tenía dos ojos redondos como platos de sopa, unas orejas puntiagudas y, sobre todo, una boca tan grande que, cuando la abría, parecía la entrada de una cueva.

—Tengo hambre —decía Glotón nada más despertarse.

Y se comía una montaña de manzanas. Luego decía:

—Sigo teniendo hambre.

Y se comía un bosque entero de castañas, con cáscaras y todo. Los animales del lugar se habían acostumbrado a esconder su comida en cuanto oían sus pisadas, porque Glotón se comía todo lo que encontraba a su paso: setas, flores, ramitas, e incluso, una vez, sin querer, ¡un zapato que se había quedado tirado en el camino!

Los artesanos de aquel país quedaron tan asombrados con la fama de Glotón que empezaron a dibujar su carita —los ojos redondos, la boca enorme— en jarrones y vasijas preciosas, para recordar a todo el mundo una lección importante. Pero eso lo descubriremos al final del cuento.

La barriga que no paraba de crecer

Un día de mucha calor, Glotón se despertó más hambriento que nunca. Y como no encontraba nada nuevo que comer, miró a su alrededor y pensó:

—Si me como un poquito de mi propia cola, seguro que no pasa nada.

Y se mordisqueó la puntita de la cola. Como no le dolió demasiado, siguió un poco más. Y un poco más. Se comió sus patas traseras, luego su barriga redonda, y siguió, y siguió, sin darse cuenta de que se estaba quedando sin cuerpo.

Cuando por fin se detuvo a pensar, Glotón se miró y descubrió que ya no le quedaba cuerpo ninguno: solo su gran cabeza, con los ojos redondos y la boca abierta, flotando solita en medio del camino.

—¡Vaya lío me he hecho! —exclamó, muy sorprendido—. Tenía tantísima hambre que me he comido hasta mis propias patas, ¡y ahora ya no puedo ni caminar para buscar más comida!

La lección de la lechuza sabia

Una lechuza muy vieja, que llevaba años observando a Glotón desde la rama de un árbol, bajó volando despacito y se posó a su lado.

—Querido Glotón —le dijo con su voz suave—, comer está muy bien. A todos nos gusta disfrutar de un buen bocado. Pero comer sin parar, sin escuchar a la barriga cuando dice «ya es suficiente», al final no deja sitio para nada más. Ni siquiera para las propias patas.

Glotón, que ahora solo tenía cabeza para escuchar y pensar, se quedó callado un buen rato.

—Tienes razón —dijo por fin—. Creo que se me olvidó preguntarme si de verdad tenía hambre, o si solo quería seguir comiendo por comer.

Desde aquel día, cuentan las leyendas, Glotón aprendió a parar a tiempo. Y aunque siguió teniendo una boca enorme y una sonrisa muy suya, empezó a cuidarla: masticaba despacio, disfrutaba cada bocado sin prisa, y dejaba descansar su sonrisa entre comida y comida.

Por eso, dicen los que saben de estas historias antiguas, la gente empezó a dibujar la carita de Glotón en las vasijas más bonitas: para recordar, cada vez que se sentaban a comer, que hasta el monstruo más hambriento del mundo aprendió que lo mejor no es comer sin parar, sino comer con calma, disfrutar de cada bocado… y dejar después que la sonrisa descanse tranquila, limpia y contenta, lista para sonreír al día siguiente.

Y colorín colorado, este cuento de bocas y bocados se ha terminado.

¿Quieres que la sonrisa de los más pequeños de casa termine siempre igual de limpia y contenta que la de Glotón al final del cuento? En higienistaencasa.es encontrarás productos como este cepillo de dientes eléctrico infantil con forma de robot, que puedes recibir cómodamente en tu domicilio.

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Tags: cuento infantil, hábitos saludables, higiene dental niños, mitología, monstruos

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