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Ilustración del monstruo mitológico Tlaltecuhtli flotando en un mar oscuro, con múltiples ojos y bocas por todo el cuerpo, siendo dividido por dos serpientes mágicas para crear el cielo y la tierra

El monstruo que se convirtió en el mundo

septiembre 7, 2026 0 comments Article Curiosidades

Había una vez, hace tantísimo tiempo que ni las montañas habían nacido todavía, un monstruo enorme que flotaba solo en medio de un mar oscuro. No había cielo. No había tierra. No había nada más que agua… y aquel monstruo gigante, que se llamaba Tlaltecuhtli.

Ilustración del monstruo mitológico Tlaltecuhtli flotando en un mar oscuro, con múltiples ojos y bocas por todo el cuerpo, siendo dividido por dos serpientes mágicas para crear el cielo y la tierra

Tlaltecuhtli no se parecía a nada que tú hayas visto nunca. Tenía los ojos abiertos por todo el cuerpo, y bocas —muchísimas bocas, pequeñas y grandes— en los sitios más sorprendentes: una en cada rodilla, otra en cada codo, y más aún en los hombros y en las caderas. Cada boca tenía sus propios dientecitos afilados, y cada vez que Tlaltecuhtli se movía en el agua, todas esas bocas se abrían a la vez, como si el monstruo entero tuviera hambre por todas partes.

Durante mucho, mucho tiempo, allí no vivía nadie más. Solo Tlaltecuhtli, nadando en círculos por aquel mar sin fondo, con todas esas bocas suyas abiertas y esperando algo que ni él mismo sabía qué era.

Un día llegaron volando dos viajeros muy especiales: dos hermanos con poderes mágicos, que venían buscando un lugar donde crear algo nuevo. Se llamaban Quetzalcóatl, que tenía plumas brillantes como el arcoíris, y Tezcatlipoca, que llevaba un espejo oscuro y misterioso colgado del pecho. Volaron sobre el agua y vieron a Tlaltecuhtli allá abajo, enorme, cubierto de bocas y sin nadie con quien hablar.

—Aquí no hay tierra donde plantar un árbol —dijo Quetzalcóatl—. Ni una piedra donde sentarse a descansar.

—Pero hay un monstruo del tamaño de todo un mundo —contestó Tezcatlipoca, pensativo—. Y de un monstruo tan grande… se podría hacer un mundo entero.

Así que los dos hermanos bajaron hasta el agua, se transformaron en dos serpientes larguísimas y, con muchísimo cuidado y toda su magia, envolvieron a Tlaltecuhtli entre los dos. Tiraron, uno hacia arriba y otro hacia abajo, hasta que el gran monstruo quedó partido suavemente en dos mitades, como quien abre una fruta gigante.

Con la mitad de arriba hicieron el cielo, altísimo y azul, donde después colgarían el sol, la luna y todas las estrellitas de la noche.

Con la mitad de abajo hicieron la tierra: la tierra sobre la que hoy caminan las personas, los perros, los conejos y también tú, cuando sales a jugar al parque.

Pero Tlaltecuhtli no desapareció del todo. Al contrario: se quedó dormido bajo nuestros pies, y de su cuerpo fueron naciendo, poquito a poco, las cosas más bonitas del mundo. De su larguísimo pelo brotaron los árboles, las flores y toda la hierba verde. De sus ojos, que antes miraban por todas partes, nacieron los manantiales y las cuevas donde el agua brilla en la oscuridad. Y de aquellas bocas suyas, las mismas que tenía en las rodillas y en los codos, nacieron los ríos que corren por los valles y las grandes cavernas donde, si gritas fuerte, tu voz te contesta con un eco.

Cuentan que, por las noches, si te asomas a un río tranquilo y escuchas con atención, puedes oír un murmullo suave, como una respiración muy honda. Los abuelos de aquellas tierras decían que era Tlaltecuhtli, que seguía ahí abajo, dormido, sosteniendo el mundo entero sobre su espalda con paciencia infinita.

Así que la próxima vez que bebas agua de un río, que explores una cueva de la mano de un adulto, o que sientas el eco de tu propia voz rebotando entre las rocas, puedes acordarte de aquel monstruo cubierto de bocas que un día se convirtió en montañas, en ríos y en cuevas para que todos nosotros tuviéramos un lugar donde vivir.

Y ya que hablamos de bocas… ¿sabes qué es lo mejor que puedes hacer por la tuya, que es mucho más pequeña que la de Tlaltecuhtli pero igual de importante? Cuidarla cada día, cepillándote los dientes con cariño por la mañana y por la noche, para que tu sonrisa esté siempre lista para contar historias tan bonitas como esta.

¿Quieres que el cepillado deje de ser una batalla en casa y se convierta en un ratito divertido, como el de esta historia? En higienistaencasa.es encontrarás productos como este cepillo eléctrico infantil con forma de robot, que puedes recibir cómodamente en tu domicilio.

Inspirado en: https://mitologia.fandom.com/es/wiki/Tlaltecuhtli

Tags: cuento infantil, leyendas, mitología azteca, salud dental niños, Tlaltecuhtli

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